Espacios para encontrar miradas

Por lo general elegimos plazas, parques, la rambla o la playa como espacios para pasar un buen rato de descanso o entretenimiento. Pero también hay de esos otros lugares por los que vamos de paso, sin importar mucho lo que sucede a nuestro alrededor o vamos con un objetivo específico y nos marchamos.

Carece de misterio pensar por qué sucede esto, pero lo que no solemos pensar es qué genera. Durante finales del Siglo XIX, se desarrolló el Plan de Embellecimiento y Ensanche de Montevideo, que buscaba desarrollar espacios públicos especialmente pensados para que permitieran mantener una vida social saludable, para que favorecieran el encuentro y el recreo algo que no solo satisface diversas necesidades individuales, sino que también colaboran a la construcción social y de comunidad.

El politólogo Michael Waltzer ha clasificado los espacios urbanos como cerrados y abiertos. Esta clasificación parece a priori, sencilla, pero es pertinente. Los espacios cerrados son espacios urbanos que desarrollan una única función, en cambio los abiertos son espacios multifuncionales, destinados a una variedad de usos de los que todos pueden participar. Los arquitectos Richard Rogers y Philip Gumuchdjian nombran barrios residenciales, zonas industriales o centros comerciales como ejemplos del primer caso mientras que plazas, mercados y parques lo son de espacios abiertos y señalan que en los espacios cerrados tendemos a “ir con prisa, en tanto que en los abiertos somos más proclives a encontrar la mirada del otro y participar de la vida comunitaria”.

Generar el encuentro social a través de buenas propuestas recreativas y de ocio saludable propicia un sentimiento agradable de vivir en comunidad, necesario por la condición social del ser humano. Por eso, la etapa de pensar y planificar cómo desarrollar los espacios públicos, estos ‘espacios abiertos’, es muy importante. Un espacio público bien pensado y bien llevado a cabo no sólo hace que los individuos se hagan cargo de estos espacios y los disfruten sino que también trae beneficios ambientales, contribuye a la belleza barrial y de ciudad y tiene el potencial de revalorizar una zona.

Pensar en los espacios desde un punto de vista lúdico puede ser tan importante como pensarlo desde el punto de vista arquitectónico o estructural. Pero pensarlo desde la lúdica debe implicar mucho más que agregar juegos en el espacio. Debe implicar pensar en el comportamiento individual y social, debe implicar la búsqueda de despertar el interés, debe implicar la búsqueda de propuestas que llamen a la participación.

Quienes pertenecemos al ámbito de la recreación, deberíamos intentar pensar más en estos aspectos que sobrepasan nuestro propio campo y se fusionan con otros para construir conocimiento integrado y asociado. Porque hacer crecer otro campo colaborando con nuestro aporte, también es hacer crecer al campo de la recreación.

 

Por Fermín Dibarboure

 

 

Referencias consultadas

http://www.fadu.edu.uy/tallerdanza/carp-2014/files/2014/05/Rogers-Gumuchdjian_Ciudades-para-un-pequeno-planeta.pdf

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