El misterio de la educación

Este post trata sobre “el misterio” de la educación, y es que no encontré una palabra mejor que “misterio” para definir los intrincados caminos por los que transita. Es un misterio primero, porque no es estática. Es decir, que se reconstruye y reinventa a través de la historia y según la cultura. Pero sobre todo porque nunca se conoce cabalmente la multiplicidad de procesos que en ella se suceden. Y mucho menos en qué preciso momento alguien está enseñando y como consecuencia alguien está aprendiendo. Pero que sea un misterio deja lugar para algunos descubrimientos fascinantes.

Según Anderson (1996, pp. 123-124) “procesos explícitos son aquellos de los que se puede informar, y procesos implícitos, aquellos de los que no se puede informar”. Y según Pozo (en su libro Aprendices y Maestros) “…hablaríamos de aprendizaje implícito cuando el aprendiz no puede informar de aquello que ha aprendido o de cómo lo ha aprendido, mientras que el aprendizaje sería explícito cuando el aprendiz puede informar de lo aprendido.”

Si bien resulta muy interesante la aproximación para entender mejor la manera en que aprendemos, hay en estas palabras una revelación acerca de la educación y su función dentro de la humanidad. Lo llamativo de las afirmaciones de los autores que he citado más arriba tiene que ver con preguntas más que con respuestas fantásticas a nuestro modelo cognitivo. ¿Para qué tenemos la capacidad de informar sobre un aprendizaje? O si quisiéramos leerlo de otra manera, ¿para qué se nos “ha programado” con la capacidad de tener aprendizajes explícitos?

Si la mayoría de las habilidades y funciones básicas para satisfacer las necesidades fundamentales del ser humano pueden obtenerse a través del aprendizaje implícito ¿cuál sería el punto de hacer explícitos nuestros hallazgos o construcciones de conocimiento? Una de las primeras respuestas podría tener que ver con prosperar como forma de vida en el planeta o la de evolucionar a formas mejoradas de seres humanos. Otras, podrían tener que ver con una dimensión más espiritual o con las grandes preguntas que han fascinado al hombre durante miles de años. Pero tales afirmaciones no necesariamente explican la capacidad y opción de hacer explícitos nuestros aprendizajes.

Personalmente, he encontrado en esta capacidad y opción del ser humano el fundamento más íntimo de la educación y del acto educativo. ¿Qué otra explicación podríamos dar mejor que la necesidad fundamental de crecer, conocer, mejorar, construir con otro ser humano? ¿Cuál sería, si no la función de que el conocimiento se genere cuando logramos hacer un aprendizaje explícito? ¿No sería igual de útil para el individuo que todos los aprendizajes fueran implícitos para sus funciones vitales? Definitivamente eso no evitaría que el ser humano evolucionara individualmente hacia mejores formas de la especie. Ahora bien, ¿No correspondería, por prudencia al menos, estudiar la posibilidad de que estos aprendizajes explícitos sean más bien una necesidad humana que una capacidad?

Hacer explícitos los aprendizajes, si los entendemos como aquellos de los que podemos informar, no tendría sentido si no hubiera alguien más, un Otro, que los escuchara para algo. Desde esta perspectiva, podemos decir que la educación es una necesidad mucho más básica de la que muchas veces creemos. De hecho cada vez que logramos objetivar un conocimiento (o aprendizaje explícito) como importante y decidimos (implícitamente) comunicarlo estamos teniendo una intencionalidad educativa concreta.

Para quienes optamos por la recreación educativa, hemos notado más de una vez que el aprendizaje resulta recreativo muchas veces. Pero sin duda, la intención de abordar el acto educativo desde una perspectiva lúdico-recreativa tiene que ver con el deseo de aproximarnos al menos al misterio de la educación juntos. El misterio alimenta la posibilidad de asombro y la imaginación la certeza de futuros nuevos descubrimientos y realidades. Al igual que en el siguiente video sobre el océano, aún queda mucho por aprender de la educación.

Por Leandro Folgar

 

 

Bibliografía

  • POZO, J.I. (1996) Aprendices y maestros. Madrid: Alianza Editorial.

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